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«Quien pierde los orígenes, pierde la identidad.»  refrán popular
Pocas personas ignoran los nombres de los abuelos o el de sus padres, pero la mayoría desconocen el de sus bisabuelos. Sólo dos generaciones atrás y la pregunta se vuelve extremadamente difícil. La vida humana tiene una duración muy limitada y la memoria tiende a difuminar tanto los recuerdos como las tradiciones orales.

Mis investigaciones me han llevado a encontrar 127 generaciones de antepasados ​​que, sin discontinuidad, relacionan una familia catalana actual con el s XIX aC en Medio y Oriente Medio. La finalidad última es encontrar vínculos reales con antepasados. Por tanto, debe entenderse que la información de que dispongo puede servir de consulta por otras personas que también quieran confeccionar su árbol familiar, más que un relato teórico o unas memorias de mis ancestros.
Josep Condal Gou

 

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 «Quien pierde los orígenes, pierde la identidad.» refrán popular


Pocas personas ignoran los nombres de los abuelos o el de sus padres, pero la mayoría desconocen el de sus bisabuelos. Sólo dos generaciones atrás y la pregunta se vuelve extremadamente difícil. La vida humana tiene una duración muy limitada y la memoria tiende a difuminar tanto los recuerdos como las tradiciones orales. Cuando empecé a pedir nombres y datos a mi familia, a mi madre que siempre me ayudaba, no me imaginaba que aquellas preguntas me llevarían tan lejos, en el tiempo y en la distancia. Lo que comenzó como simple curiosidad cuando era un adolescente fascinado por los pergaminos de un amigo, siguió creciendo con los años y gracias a los avances informáticos. Este interés por conocer mis orígenes se convirtió en una necesidad a raíz del nacimiento de mi primera hija. Tener descendencia me impulsó a seguir buscando con la esperanza de poder explicarle algún día parte de su historia, y la de sus antepasados, que en cierto modo todos ellos también eran ella o, mejor dicho, yo les debía su existencia. La idea puede parecer descabellada, aunque científicamente probado que yo -y veinte millones de personas más- y Carlomagno compartimos una ínfima parte del ADN o que muchos de nosotros, a pesar de no ser familia ni llevar el mismo apellido, estamos emparentados de muy cerca. Siempre habrá algo mística, un sentimiento de intimidad que cuesta definir, una sensación vaga que aparece cuando se habla sobre los asuntos de sangre. Ahora bien, el objetivo de esta búsqueda no es indagar en este sentido, ni perderse en la vida, pasiones y luchas, éxitos y fracasos de los que me precedieron. Mi formación profesional como ingeniero me obliga a creer en el método dejando de lado las impresiones personales y tratar todos los datos de forma homogénea.Mis investigaciones me han llevado a encontrar 127 generaciones de antepasados ​​que, sin discontinuidad, relacionan una familia catalana actual con el s XIX aC en Medio y Oriente Medio. La finalidad última es encontrar vínculos reales con antepasados. Por tanto, debe entenderse que la información de que dispongo puede servir de consulta por otras personas que también quieran confeccionar su árbol familiar, más que un relato teórico o unas memorias de mis ancestros.Josep Condal Gou
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