Crónica familiar



 Dedico este Árbol Genealógico a mis padres Francisco Primitivo Martín Valdés y Bertha Lara Candelas quienes me dieron la vida y la oportunidad de compartir mis desvelos para realizarlo; a mis hijos Christian, Karime y Axel que comprendieron el tiempo que dedique a escribir esto y a todos los que llevan en sus venas la misma sangre que corre por las mías siempre fecunda en hombres dedicados al trabajo, al crecimiento y bienestar de este país que nos ha brindado la oportunidad de crecer y ser útiles y a mujeres virtuosas dedicadas en cuerpo y alma al bienestar familiar.


En San Juan de los Lagos, Teocaltiche, Jalostotitlán, Encarnación de Díaz, Lagos de Moreno, León y en otras poblaciones, Martín (del Campo) Mayagoitia es el tronco de muchas familias que en un periodo de cerca de 500 años se han distinguido por su educación, su buena posición social, su influencia sobre las masas populares, su intervención en los asuntos públicos, su ilustración, y su honorabilidad.

Los Altos de Jalisco poblado por Conquistadores Españoles

Las circunstancias que rodearon las características históricas y sociológicas fueron diversas, ya que la población criolla alteña tiene un origen común y por eso todos sus miembros reconocen un parentesco más o menos cercano o distante. Se deriva fundamentalmente del escaso número de troncos de los más antiguos linajes españoles.

Este antiguo núcleo de la población, asentado en la meseta en la segunda mitad del siglo XVI y los primeros años del siglo XVII , hasta el periodo histórico en que se produce la fijación del apellido familiar transmisible por varonía. Se advertirá inmediatamente que son muy pocos los jerarcas primitivos de la región hasta la última década del siglo XVI , y que en los siglos siguientes es cuando nuevas corrientes de inmigrantes enlazan matrimonialmente con los vástagos de los troncos antiguos, produciendo gradualmente una sociedad criolla, emparentada entre sí y descendiente toda, por alguna línea paterna o materna.

Es importante mencionar que en los siglos XV, XVI y XVII, España no obligaba a heredar a los hijos el apellido del padre, la regla de transmisión del apellido paterno data a finales del siglo XVI y en muchos casos del siglo XVII, los padres solían nombrar a los hijos con diversos apellidos en memoria de la madre, abuelos maternos, etc. etc.

En algunos casos los varones llevaban el apellido paterno o el de las abuelas y las hijas llevaban el de la madre, abuela, bisabuela, etc.

La sociedad criolla de los Altos de Jalisco estuvo constituida por pocas familias ahí establecidas en la segunda mitad del siglo XVI.

Los matrimonios más antiguos y primeros pobladores españoles de la región fueron:

• Francisco Gutiérrez Rubio; casado con Anna González Florida. • Juan González de Hermosillo; casado con María Muñoz. • Toribio Hernández de Arellano; casado con Isabel Hurtado de Mendoza.

Las personas arriba mencionadas son contemporáneas, aproximadamente de 1550.

En 1550, llegaron 117 familias españolas a colonizar por encomienda real la región de los Altos de Jalisco incluido Tepatitlán y por más de 250 años evitaron mezclarse con indígenas, judíos y herejes (otras religiones). Tal vez después de la Guerra de Independencia, poco a poco se fue perdiendo ese prejuicio que sin embargo no ha desaparecido por completo. Una lista de las dichas 117 familias aparece en el libro "Retoños de España en la Nueva Galicia" de Mariano González Leal, Tomo II.

Según la investigación del Lic. Dávila Garibi, los Martín del Campo de los Altos descienden de Bartolomé Martín del Campo y de Juana García nacidos en Revilla del Campo, provincia de Burgos, (colindante con la provincia de Álava, una de las tres provincias vascongadas) y anteriormente de Castilla la Vieja, España. La ubicación española no está comprobada documentalmente.

El progenitor y patriarca de esta distinguida familia de Hidalgos fue un caballero de nombre Lázaro Martín del Campo (también conocido como Bartolomé de San Lázaro Martín del Campo), don Lázaro nació cerca del año de 1602 y era nativo de Revilla del Campo, provincia de Palencia, Castilla y León, España. Don Lázaro era el hijo de don Bartolomé Martín del Campo y Antolín y doña Juana García, nativa de Valle de Capillas, Palencia. Don Bartolomé era hijo de don Juan Martín del Campo y de la Torre y doña María Antolina y Simón, doña Juana García era hija de don Juan García Galán.

Otro caso que conviene mencionar, en cuanto a la “falta de limpieza de sangre”, si bien no fue por sangre judía, sino mora, es el siguiente: en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, don Mariano González Leal, información genealógica levantadas en las villas de Villafranca y de Herencia, la ultima en provincia de Palencia, en el año de 1652, por el bachiller Juan Martín del Campo Izquierdo, hijo de don Francisco Martín del Campo y de doña Ana de las Heras. Por lo que las Heras resultaban conversos, y por lo Martín del Campo, moros. La información Verbal remotaba a varios siglos y ofrece datos de gran interés. Consta en la que un ascendente del pretendiente, bachiller don Juan Martín del Campo Izquierdo, “era moro, y se bautizó por su propio pie”. Aunque esos Martín del Campo procedían de la Villa de Herencia y no se ha localizado vinculación parental con los Martín del Campo alteños – que poseían diversas informaciones de limpieza de sangre -, la importancia que este apellido tuvo en la región alteña hace interesante la cita de referencia, por si en alguna ocasión pudiera probarse que se trata de una misma familia.

Don Lázaro Martín del Campo, emigra a la Nueva España alrededor del año 1625, como comisionado del resguardo de los bienes de la Iglesia Católica, a los españoles y sus pertenencias. Llegando a ubicarse primeramente en la estancia de los Duarte en lo que actualmente es el municipio de Irapuato. Gto. Alrededor de 1627, en Guadalajara, Jal., se casó con doña María López de la Cruz, nacida cerca del año de 1608, hija del Lic. don Juan Bautista Vallín, notario y escribano y su esposa doña María Estrada y López de la Cruz, doña María era “Criolla de Querétaro” y doña María Estrada y López de la Cruz, era hija de don Diego López de la Cruz, un mercader de Santa Olalla, provincia de Toledo, en la región de Andalucía y su esposa doña Bernardina Estrada una descendiente de Andalucía y Extremadura. Ambos se casaron en esa ciudad de Querétaro, para posteriormente radicar en la región de San Juan de Los Lagos, Jal.

Existe un dicho entre los descendientes de los Martín del Campo; que somos hijos de la Yegua Rucia (Así se escribe esta raza) y el caballo blanco y que el apellido Martín del Campo viene de un niño que encontraron en el campo, no son leyendas son mas bien dichos locales de la región del bajío y los Altos de Jalisco, que fueron usados el primero por los descendientes directos de los primeros Martín del Campo en la región, en alusión a la estirpe del apellido, comparándose con la prestancia, caminar elegante, carácter, porte y color de los ojos, pelo y piel de unos caballos de raza Rucia, traídos de Austria por alguno de los primeros españoles y que tenían como característica su gran alzada, su pelaje blanco, su andar elegante y su fuerte carácter. Y en el segundo, esta mención era usada por los mismos, de una manera peyorativa en alusión a los hijos mestizos o naturales de algunos españoles a los que consideraban bastardos y decían que su apellido se había formado a partir de un hijo natural de un español con una de sus sirvientas, que había sido dejado abandonado en el campo o a las puerta de una de las iglesias de la región y que el cura de esa parroquia lo había bautizado con el nombre de Martín y al no saber sus orígenes lo registro con el apellido del Campo, siendo en su segunda generación donde se tomo este nombre como un apellido compuesto. ¿Quién no ha oído o leído las frases siguientes?

• Pureza de sangre • Defensa del apellido • Honor por el abolengo • Nobleza de mi linaje • Conocimiento de la heráldica • Orgullo de mi estirpe • Mi prosapia hispánica • Pureza de mi raza ( madre india y padre no conocido)

Un pueblo que no guarda memoria de sus tradiciones, de la genealogía de sus antepasados, de su propia biografía, es un pueblo culturalmente pobre.

Un gobierno que no toma como obligación primordial lo que enriquece la cultura y el civismo de su pueblo, será un gobierno que no trascienda, promoverá tal vez los bienes materiales, más no los valores del espíritu. Todo pueblo debe tener conciencia de su existir histórico y de su proceso socio cultural.

¡Vamos para Los Altos que es una tierra de godos, donde todos son hermanos y son enemigos todos!

Lic. José Vasconcelos

Más bien debió referirse a los godos con significado peyorativo de rico, poderoso, creído. Cuan cierto es lo que escribiera el poeta español Ramón de Campoamor: “en este mundo traidor nada es verdad ni mentira, sino que todo es del color del cristal con que se mira.”

Jaime Holcombe Isunza asentó en el libro “Historia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos” por Pedro María Márquez (Índice 6-9, páginas 24-26) escribió lo siguiente: “Entre los primeros individuos de raza blanca que tuvieron casa en el pueblo de San Juan, deben mencionarse a don Jerónimo de Arrona y don Lázaro Martín del Campo, terratenientes en muy grande escala”.

La endogamia, fue característica de la región alteña, así pues la ausencia del mestizaje en la región, originada por las circunstancias histórico sociales, vino a definir una mentalidad particular sobre todo por que la repetida separación de razas no se debió a una ordenanza legislativa, sino a circunstancias histórico sociales no dependientes en su origen a la voluntad de los colonizadores o pobladores.

De esta arraigadísima costumbre alteña dan elocuente testimonio los cerca de mil expedientes de dispensa de parentesco correspondientes a la región, que forman parte del archivo de la Sagrada Mitra de Guadalajara, en la sección correspondiente al antiguo Provisorato de esa Diócesis. Como ejemplo de lo anterior debe citarse lo alegado por don José Manuel Muñoz de Nava y Martín del Campo, vecino de la feligresía de San Juan, en el Puesto del Tule, para recabar de la Mitra, el 4 de mayo de 1776, permiso para casarse con su múltiple pariente doña María Gertrudis Muñoz de Hermosillo y Alvarez Tostado, del Puesto – la Aguililla, Jalostotitlán. Luego de solicitar el permiso consabido, decía el pretendiente que “ por cuanto hallarme, como me hallo, ligado con la pretenza en dos parentescos de consaguinidad de tres líneas, de tercero con cuarto grados, siendo las causas que me remueven a casar con pariente o a emprenderlo, el ser esta una niña noble, virtuosa, recogida y pobre, y yo aunque de pocas facultades, mozo fuerte y robusto para trabajar y poderla mantener con la descendencia que a su calidad corresponde: Siendo la que más me mueve, la grande dificultad que tengo, así en esta feligresía como en las inmediatas, de poder casarme con mujer que no sea mi pariente, respecto de hallarme ligado por las mas de sus familias.......” lo mismo alega don José González de Rubalcaba y Gutiérrez de Hermosillo al pretender a doña Luz González del Castillo: y el hallarse en esta jurisdicción muy emparentados de manera que es difícil encontrar mujer que no sea pariente”.... ( entre las familias españolas y nobles), Causas similares se alegan en los cerca de mil expedientes estudiados. Y evidentemente no fue la anterior una costumbre privativa de la época virreynal, puesto que en el siglo XIX – y aún hoy- el fenómeno se repite insistentemente. En 1852, casaron en San Miguel el Alto, don Macedonio Jiménez y doña Ana Lozano, y hubieron de dispensar ocho parentescos mas o menos cercanos. En algunas ocasiones el descubrimiento de una relación de consaguinidad afectaba profundamente status ya constituidos. En el siglo XVIII , ocurrió que cuatro hermanos se hallaban casados con cuatro hermanas. Descubriose luego un lazo parental antes desconocido, de tal forma y grado que anulaba de pleno derecho los matrimonios, lo que hizo necesario que se tramitara, a posteriori, la dispensa de los repetidos parentescos que unían a todos esos matrimonios. Pero la noticia cayo como bomba en la sociedad local – el caso se dio en la familia Macías Valadez, de la Villa de Encarnación, puesto que muchas otras familias locales se vieron afectadas por el mismo impedimento y a poco comenzaron a llover solicitudes de dispensa de parentescos con árboles genealógicos comunes.

“Vámonos para Los Altos, donde son buenos cristianos, y por no perder la sangre, se casan primos hermanos”.

Esta costumbre antes profundamente arraigada en las familias alteñas, se dio en parte, ante la emigración forzosa provocada por la Cristiada. La conciencia de ser españoles de mezcla racial, transmitida en la región alteña de generación en generación más de hecho que de palabra, y aún debilitada por la falta de adecuada conservación, en algunos casos, de memorias históricas familiares, se advierte hoy todavía en la clase media alteña. Aun se busca al blanco para casarse, si es rubio mejor. Fray José de Guadalupe Mojica – originario de San Gabriel, pueblo no alteño, que sin duda existió también esa costumbre-, alude a este detalle cuando narra que, al enviarle a la escuela su madre le aconsejaba que se fuera por el lado de la sombra, “ para que no se pusiera moreno”, aun se siente una instintiva predilección por el pariente o por el individuo de raza criolla.

Expresiones familiares alteñas son, al dar la opinión sobre determinada persona: “ es bonita; es blanca, es chapeteada”. “Es morenita, pero no tan fea”. Esto no es a mi juicio más que el producto de la conciencia – o subconciencia- histórica de descender de población europea pura en medio de un país mestizo por excelencia; atavismo que las trágicas circunstancias históricas de este siglo no lograron destruir del todo, aunque si debilitar a una alta medida.

Se cuenta la historia de una hermosísima señora alteña que había sido invitada como madrina al bautizo de su primera nieta. A la que no conocía aún. Al llegar a la iglesia y ver que la bautizada – que luego fue una dama distinguidísima y de facciones muy hermosas- no era lo suficientemente rubia como ella deseaba a su nieta dijo: “¿Madrina, yo, de ese pedazo de carbón?: “¡mejores las he visto en los jacales!”. Y salió de la iglesia dejando con un palmo de narices a su hijo, a su nuera, y a los invitados.

Otra señora alteña, lamenta que sus hijas – muy hermosas todas ellas- hayan contraído matrimonio con sujetos de evidente origen autóctono, diciendo: Yo si no les di dinero, al menos les di cara que presumir. Esas muchachas ni siquiera piensan en la cara que les van a dar a sus hijos”. Por eso son refranes populares en Los Altos, los dos siguientes:

¡Blanco y aunque sea de manta!

Y cuando, verificando un matrimonio entre blanco y mestizo, nace un hijo mas mestizo que blanco, se dice: ¡“otra vez, como pasa siempre, pinto el perico!” una persona originaria de Arandas, explico este refrán en los siguientes términos: “ Si a la leche se le pone aunque sea un grano o un polvo de café, la leche deja de ser blanca. Por eso no hay que echar color, donde esta lo blanco, por que como siempre, ¡pinta el perico!”.

Otros apellidos se modificaron por alianzas entre los siglos XVII y XVIII.. De los Ramírez de Santillana, procedieron así los Ramírez de Mendoza y algunos Ramírez de Hermosillo; de los González de Ruvalcaba, los González de Larís, los González de San Román y los González del Castillo; de los San Román, los Guerra de Sanromán y los González de Sanromán; de los Gómez de Portugal, los Portugal y los Rodríguez de Portugal. De las hermanas Hurtado de Mendoza y Olivares, primeras pobladoras españolas de Jalostotitlán, procedieron una gran cantidad de linajes que utilizaron el apellido Mendoza compuesto con el de varonía: Ramírez de Mendoza, Gómez Hurtado de Mendoza, Jiménez de Mendoza, Gutiérrez de Mendoza. El uso de estos apellidos por regla general, sé perpetuo hasta bien entrado el siglo XVIII.

De casi todas estas composiciones de apellidos, formadas gran parte de ellas por la unión de dos linajes socialmente importantes en su época, encontramos al empezar el siglo XIX una total simplificación, en que por regla general subsiste el patronímico y desaparece el apellido – sin que esto constituya una regla general-. Romo de Vivar se queda Romo – (pues aunque sus descendientes saben y son aún hoy, concientes de que el apellido es con el de Vivar, no lo usan mas); Gómez de Portugal, queda en una rama, en Gómez; en la otra Portugal (también en este caso la memoria del verdadero apellido sobrevive a la mutilación); Gómez Hurtado de Mendoza se simplifica sucesivamente en Gómez de Mendoza y Gómez; Franco de Paredes en Franco; Pérez Franco, en Pérez; Díaz del Castillo en Castillo; González de Ruvalcaba, González del Castillo, González de Larís y González de Sanromán, en González, haciendo por momentos dificilísimos el desentrañar la maraña genealógica formada en la Unión de Adobes – hoy de San Antonio – por las repetidas uniones endogámicas y prolífica descendencia de estas cuatro familias, ya con un solo y común apellido. Vázquez de Zermeño queda en Zermeño; Jiménez de Castro y Jiménez de Mendoza, en Jiménez; Gutiérrez de Mendoza, Gutiérrez de Hermosillo y Gutiérrez de Larís, en Gutiérrez. Lo anterior da una idea de lo difícil que resulta la investigación genealógica de estos linajes cuando se pierde el rastro de un eslabón en la cadena genealógica y abundan en la misma parroquia patronímicos idénticos con diversas varonías. En cambio, algunos apellidos se mantienen intactos hasta nuestros días, como el caso de algunos Martín del Campo, de los Díaz Infante, Díaz del Castillo y de los Ruiz de Esparza.

Todavía hoy que subsisten en la región son los mismos que existieron durante el virreinato, pero ya modificados o simplificados, como si el uso los hubiera desgastado a lo largo de los siglos. Los actuales apellidos son – entre muchos mas- Barba por Muñoz de Barba; Ascencio, por Ascensio de León; Martín, por Martín del Campo; Orozco, por Tello de Orozco; Hernández, por Hernández Gamiño; Alvarez, por Alvarez del Castillo; Muñoz, por Muñoz de Nava; Padilla, por de la Mota Padilla; etc. Etc. Etc.

Historia Sefardí en España y Portugal

El arribo y asentamiento de judíos a la península Ibérica está descrito en la leyenda que relata su desplazamiento desde Israel en época del rey Salomón. Esto debió ser entre los años 970 y 931 a. C. Sin embargo, su presencia histórica coincide con la conquista romana de tierras hispanas. Entre los siglos I y II d. C., judíos fugitivos se establecieron en África del norte y de allí pasaron a la península Ibérica, todo esto después de que se produjera la destrucción de Jerusalén por las legiones romanas. Los judíos migrantes se referían a la zona peninsular como Sefaraad, de ahí se debe el gentilicio de sefarditas dado en ese entonces a los judíos que allí residieron. Los sefarditas convivieron con musulmanes y cristianos durante varios siglos, en los que se apoyaron o resistieron según las circunstancias de cada época. Siempre en medio de presiones y agresiones "normales", dada la estrecha relación territorial de pueblos con culturas muy diferentes.

En la Edad Media, en España y Portugal, los llamados también marranos y conocidos en las islas de Baleares como Chuetas fueron aquellos judíos que se declararon públicamente católicos debido a presiones fuertes en su contra provenientes principalmente de la mayoría católica de estos países, pero se adhirieron al Judaísmo en privado. Su número creció espectacularmente desde los pogromos de 1391 y los últimos siglos de la Edad Media, lo cual originó el problema converso y su discriminación (revuelta de Pedro Sarmiento y estatutos de limpieza de sangre), así como su vigilancia por la Inquisición española, sin que se acabara el problema después del decreto de Granada o de la Alhambra de 1492 de expulsión de los judíos de España. Oficialmente eran conocidos como Cristianos y había legislación dirigida contra ellos tanto en España como en Portugal y sus respectivas colonias.

Lo que sí nadie puede negar o poner en tela de juicio, es el origen judío de los alteños. Obligadas razones documentales, orales y costumbristas, afirman su linaje, encontrando en la transmisión oral de generación en generación, un legado que sostiene ante tanto acoso antijudío el sano orgullo de su herencia sefardita. ¡Quizá no entendido por la mayoría, pero dictado por la sangre que corre por nuestras venas!

Sobre este asunto (del origen de los alteños), historiadores oficiales como Jorge Alonso, señalan: "...Los primeros pobladores eran sefarditas."

Otros más tímidos al respecto, procuran diluir su origen compartiéndolo con sangre francesa, debido a que en el siglo XIX, México sostuvo una inútil guerra con Francia ¿hay de otras? Por lo que al tema ocupa, hemos de señalar que tropas francesas al mando del General Bazayne, entraron a Tepatitlán el 1º de enero de 1864, sin embargo, no llegan a ocupar definitivamente la plaza, sino hasta julio del mismo año, representando primero a la oficialidad francesa un milite de apellido Caymet, para posteriormente relevarle en el cargo otro de apellido Munier, pertenecientes ambos a la famosa "Legión Extranjera".

Tal parece que la efímera estancia de los franceses en la zona, no debe considerarse siquiera como un troncal de linaje, debido a que los historiadores lugareños afirman que los europeos sólo duraron un año en la región. Además, según testimonio de los propios ciudadanos de la época, los franceses satisfacían sus pasiones con prostitutas.

Sobre esto existe el dicho de un indignado arrendador, quien no quería rentar su casa a los franceses "...porque continuamente hacían bailes en ella, que no eran mas que rochelas con mujeres de la vida galante."

Otro testigo de gran valía, contemporáneo del anteriormente citado, el señor Valente Lozano Medina (hombre longevo y de buena memoria), declararía años después cosas muy interesantes sobre los franceses:

"...La gente les tenía desconfianza. Yo no creo que hayan durado el año ya que se fueron yendo poco a poco, que porque no les caía la comida. Unos eran muy presumidos y otros sí se entendían con la gente y la respetaban mucho. Dejaron regados por ahí algunos muchachitos; pero no muchos."

En una palabra, cuando los franceses llegaron a la zona, el origen y linaje de los alteños ya estaba definido y bien cimentado. El haber algunos nacimientos (producto de relaciones de alteñas con franceses), no puede significar en absoluto el génesis de una raza especial, de la cual un día alguien escribiera ".. .un lunar blanco en el cuerpo moreno de México."

De allí pues que resulten un tanto sin fuerza las palabras de un verdadero estudioso (alteño de origen), José Antonio Gutiérrez Gutiérrez, quien procurando justificar el orgullo de raza, diluye sin querer la razón de nuestro origen, escribiendo al efecto:".. .Este hispanismo, racismo o nobleza, como se le quiera llamar, lleva al alteño a no renegar de su origen español; cuando mucho acepta a veces la duda de si correrá por su sangre alguna vertiente judía o francesa." Tal vez el desconocimiento de la cultura judía impida a autores tan valiosos distinguir su herencia hebrea. Por ejemplo, siendo la endogamia milenaria práctica de las comunidades judías, el escritor de referencia cita un viejo estribillo alteño para justificar la "pureza de sangre", pasando por alto que la endogamia se ha practicado entre el pueblo judío desde su nacimiento mismo, sobre todo en los lugares donde la comunidad era pequeña y se corría el peligro de la mezcla con los goim, situación que además les llevaría a violar diversos preceptos escritúrales (contemplados en la Tora y el resto del Toná).

No podemos seguir adelante, si antes no dejamos en claro y finiquitamos el asunto de los franceses. Definitivamente tenemos que reconocer que tal teoría es ridícula y sin fundamento. No por aversión a los franceses, sino por carencia de apoyo histórico, además de que para esta época el antisemitismo francés resultaba ser todo un escándalo, eruptando su volcán de odio en el famosísimo caso de Alfred Dreyfus, capitán del ejército a quien se degradara públicamente en la Ecole Militaire de París, una fría mañana del 5 de enero de 1895 (treinta años después de la intervención francesa en Los Altos de Jalisco). Dreyfus era el único judío del Estado Mayor del ejército de Francia, sirviendo-para su desgracia-de chivo expiatorio a la corriente político-militar antisemita, desembocando en su persona todos los odios antijudíos de su país, para lo cual le inventaron el falso cargo de traición. La realidad es que su inocencia posteriormente fue probada y se le restauró al ejército con el nombramiento de general, sin embargo, tuvo que pasar mucho tiempo para que esto sucediera (1906) y el odio al judío había sido mundialmente exhibido, para vergüenza, nada menos que de la "tolerante y culta" Francia, tocando en suerte a Dreyfus, ser el costal que recibiera los golpes a nombre del judío.

Es de suponer entonces -con justificada razón-, que la alta oficialidad francesa se encontraba fuertemente prejuiciada contra los judíos. Y si al judío europeo le odiaban muchos de ellos, ¿qué podían esperar estos hijos de "marranos?

Autores tan sólidos y reconocidos como Poliakov, sostienen que Francia aborreció a su vecina España y le llegó a considerar como su enemigo número uno, encontrando como punto central de su fobia antiespañola, la mezcla del español con el judío. Diversos panfletos que circulaban en Francia en los siglos XVI y XVII, contenían frases tan hirientes como estas:

"...ganapanes de Castilla, católicos bastardos, medio judíos y medio moros recién salidos de la sinagoga y del Alcorán."

"...el marranismo se está poniendo tan de moda que al que le guste el tocino le aconsejo que se aprovisione lo más rápido que pueda, pues cualquiera de estos días nos lo prohibirán."

Haciendo un descanso en la cuestión francesa y aprovechando el sarcasmo de Periers (con relación al consumo de tocino por los conversos), resulta interesante mencionar que en España y en México (durante los siglos XVI y XVII), los hijos de los conversos tomaron como costumbre el freír tocino o carne de puerco a la puerta de la casa. Todo aquello, con el fin de que los vecinos comprobasen que su catolicismo era real, y que ya habían abandonado las viejas reglas Kosher.

Esta evidencia (no solicitada) de su conversión, con el tiempo se transforma en auténtico gusto gastronómico, encontrando en el caso típico de Tepatitlán (en Los Altos de Jalisco) una muestra inobjetable de ello, siendo su platillo predilecto —desde hace muchas generaciones-las famosas "carnitas". Entiéndase entonces el porqué, antisemitas como Periers les acusaran de "marranos" a todos los españoles; debido inicial-mente a las prácticas culinarias de los conversos, cuyo temor a la Inquisición les llevó a comer alimentos que bíblica y culturalmente son considerados inmundos por el pueblo de Israel.

En cuanto a Francia y queriendo terminar con el asunto, encontramos que en 1680, el Dictionnaire Francais, definía con desprecio al español, asociándole paradójicamente con el converso:

"MARRANO: término injurioso con el que llamamos a los españoles."

¡Qué golpe a la soberbia de aquellos españoles orgullosos de su "pureza de sangre"! ¡En fin!

Como ha podido observar el lector, tener un "linaje judío en un mundo prejuiciado e intolerante no era cosa fácil. Si la "culta" Europa era tierra de odios racistas (prolongados hasta nuestros días) ¿qué se podía esperar en una tierra de conquista, donde el poder "divino" representado por un clero fanático, era capaz de quemar en la hoguera a cualquier persona por el simple hecho de que algún tercero le acusara de judaizante?

La religión del alteño parece genética; las políticas regionales y las demás sociedades locales que conforman el mosaico nacional, no parecen interesarle mucho a nuestro personaje. Pero eso sí, ¡su religión no se la toquen! Durante los años 1926-1929, los alteños dieron muestra al resto del país, de los extremos a los que puede llegar su religiosidad, sosteniendo una lucha armada contra el mismísimo gobierno federal en aras de "defender" su religión, corriendo más sangre en la zona que ni en la revolución social de 1910.

Además de todo lo anterior, patriarcados centenarios en Los Altos nos hacen recordar el génesis del pueblo hebreo. Cuando los estudiosos venidos de fuera llegan a la región, una de las cosas que más les impresiona, es su sólida estructura familiar: ". La mayoría de las personas que forman un rancho eran familiares. El encargado del rancho siempre era el más viejo de la parentela y jefe natural de ésta. La estructura de parentesco tenía la forma de un linaje." ¡Qué manera más detallada de describir la familia judía sin pronunciar su nombre!

El grupo en un sentido amplio (comprendiendo a los 25 municipios), cerró filas también -por 400 años- a la mezcla de matrimonios con extraños. Los (Las) alteños (as) tenían que casarse con otra persona del grupo; esto era la regla, razón que escudriñada en sus orígenes procuraba —sin duda— una doble protección. La primera debía obedecer a razones puramente étnicas (para no perder sus raíces hebreas, situación que generaciones después celaban, pero sin entender los motivos). Y la segunda, que vigilaba por su seguridad física (el temor a la Inquisición), ya que un extraño, además de ser ajeno al grupo, podía en algún momento delatar al resto de la familia y -porqué no- a otros más. De allí pues que sea entendible el rechazo a la mezcla con extraños y la endogamia generalizada.

Tampoco podemos perder de vista otros aspectos si deseamos tener una visión más clara de los judeo-conversos en México. Para ello, tenemos que recordar el escándalo de los juicios a los que se sometió a gran parte de la comunidad de Monterrey y la terrible suerte que sufrieron; situación que debió de amedrentar y reprimir las creencias de los demás criptojudíos.

No sólo de los alteños, sino de todas las comunidades de la Nueva España, aun donde el grupo era pequeño y podía pasar aparentemente inadvertido.

Si evocamos también el famoso juicio contra el acaudalado judío sevillano, Gonzalo Gómez (1537), podremos recordar el temor que causó su proceso en las familias de la zona.

La mayoría de ellas huyeron a otras ciudades de conversos, entre ellas a las de Los Altos; región en la que se refugian ante el temor de caer bajo las garras de la Inquisición. La verdad es que sus temores no eran infundados, ya que años después de haber fallecido Gómez, sus hijos, Salvador, Juan y Antonio Gómez; son chantajeados (noviembre de 1571) por un funcionario inquisitorial que procuraba venderles los documentos del proceso de su padre en una fuerte suma de dinero y la condonación de un adeudo todavía mayor, acciones que pueden mostrar al lector la difícil situación en la que tenían que vivir los conversos durante la época colonial.

Continuando con el asunto de los alteños, debemos agregar algunos puntos para enriquecer nuestra perspectiva, por ejemplo: ¡su laboriosidad! Mundialmente es reconocido el trabajo y esfuerzo del pueblo judío, y su retorno a Eretz Israel (1948) lo demuestra. La reconversión del desierto en tierras productivas y bosques madereros, nos hablan de su dedicación; pues de igual manera los conversos en México demostraron su entrega al trabajo, logrando hacer de algunas de las tierras más pobres del país, un emporio industrial y otro agrícola-ganadero (Monterrey y Los Altos de Jalisco).

Aparte de todo lo mencionado, rasgos muy notables del alteño le diferencian de cualquier otro grupo social del país: ¡el valor de su palabra!

“Además del orgullo de la sangre, está el del trabajo mismo, y de manera muy especial el de la palabra empeñada. Hay una tradición de honor en la que los tratos valen por la palabra dicha, más allá de formalizaciones de tipo legal.”

No obstante de que ya hemos mencionado la endogamia entre la comunidad alteña, su importancia al tema nos empuja a recoger más opiniones que no vienen, sino a corroborar lo que hemos venido afirmando:

“La endogamia es una constante histórica que resalta en forma especial en la formación de Los Altos.”

“Constantemente rechazó una mezcla legal con los nativos y se refugió en la endogamia como solución ancestral.”

“Esta combinación de apellidos habla de una larga historia de casamientos endogámicos.”

“Hasta la fecha se conserva el mismo patrón de matrimonios entre parientes de segundo y tercer grado (matrimonios entre hijos de primos (primos en segundo grado) y entre tío/a y sobrino/a).”

Por lo que a la ciudad de Tepatitlán se refiere, su fundación es posterior a la de otros centros alteños, nutriéndose por supuesto de familias provenientes de la misma zona, sobretodo de Jalostotitlán, San Juan de los Lagos, La Barca, Ayo el Chico y Teocaltiche; así como de Lagos salieron los fundadores de Encarnación de Díaz, Unión de San Antonio, San Diego de Alejandría y San Julián.


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