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Algunas Familias de la Cuenca del Unare y Llanos Orientales


Sosa : 94
  • Nacido en 1798 - Caracas
  • Fallecido el 4 de junio 1866 - Clarines , a la edad de 68 años
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 Padres

 Casamiento(s), hijo(s), los nietos y los bisnietos

 Notas

Nota individual

La tradición refiere que los Domínguez vinieron a Oriente en julio 1814, con el Libertador en la emigración que se produjo ante la amenaza de la entrada del ejército de Boves a Caracas.
Entre ese numeroso grupo de familias que se vinieron obligadas a salir de Caracas vino JUAN DOMINGUEZ ARROYO, hijo legítimo de Don José Andrés Domínguez y doña Fernanda Arroyo, todos caraqueños. Es muy probable que sus padres y algún otro miembro de la familia vinieran con él, pues, ante el inminente peligro de esa travesia es lógico pensar que correrían el riesgo juntos, dada la voz de “Sálvese quien pueda!”, que parece fue la consigna de la desastrosa Emigracion a Oriente.
Esta familia, como tantas otras, no alcanzo a llegar a Barcelona y no es aventurado suponer que esta circunstancia les fue favorable. Llegados a Boca de Uchire e informados de la existencia de algunos vecindarios, tras de la cadena de montañas que ven hacia el Sur, resuelven buscar donde detenerse para reparar fuerzas, en vez de seguir a los fugitivos, cuyo destino es incierto. Toman el angosto y fragoso camino que atraviesa la montaña; suben, bajan, atraviesan el curso del rio Uchire tres veces y después de caminar seis leguas de malísimo camino suben la pequeña cuesta que sale a las sabanas y al alto de Punceles. Desde allí divisan un pequeño poblado que parecía como escondido en el fondo de un valle donde las tonalidades del verde y numerosos riachuelos embellecían el paisaje: la Sabana de Uchire. Allí encuentran familias distinguidas que, al igual que ellos, huían ante los desmanes de la cruenta Guerra de Independencia.
Animados por los vecinos, por el clima -que se parece mucho al de caracas- y por la extraordinaria fertilidad de las tierras, los Domínguez se establecen en las adjuntas, entre los ríos Chacual y Uchire. En esas vegas se dedican, poco más tarde, a los cultivos de café, cacao y caña. Estos cultivos eran la base de la economía en aquel tiempo, y menos esclavas, con poco gasto, creaban verdaderas riquezas. El cultivo de la caña les obliga a montar un trapiche, pailas y el tren para la fabricación de papelón. Posteriormente montan un alambique para fabricar aguardiente.
El progreso es notorio. La tierra responde el esfuerzo del hombre y aunque los Dominguez no son los únicos que traen el progreso y la prosperidad a las márgenes del rio Uchire, esta familia se distingue por el espíritu emprendedor y por la constante dedicación que prestan a sus cultivos. Los recursos económicos que han traído consigo deben ser apreciables, pues todos sus trabajos son de primera calidad.


La casa de la hacienda, en Chacual, techada de tejas y rodeada de corredores era amplia y comoda. A su frente, grandes espacios enladrillados se utilizaban para sacar cacao. La conocimos hace más de treinta años, ya en ruinas, y los números arboles de naranjas y mandarinas, aunque ancianos, al momento de nuestro paso, estaban cuajados de pequeños ramilletes de olorosas florecitas blancas. Para entonces aún existía el torreón del alambique, ultimo vestigio de una época donde el trabajo del hombre era causa u origen del progreso.
En Sabana de Uchire los Dominguez fabricaron una vivienda de paredes de mampostería, techo de tejas, balcones y azotea. Con este nombre de La Azotea se le conocía. Estaba ubicada al comienzo de la actual avebnidad de el Calvario, donde aun pueden verse algunos vestigios de su solita construcción. Era un verdadero palacio!. Los militares años después en épocas de guerra, se subían a la azotea para tocar la diana e izar su pabellón. Desde la azotea, a la que se subia por una escalera de piedras, se divisaba todo el valle: Chacual y Manarito, hacia el Oeste, o las cerranias de Cerro Verde, La Danta y El destierro, o las sabanas de El Palote, hacia los otros lados. Hoy nada de eso existe. Ese edificio, que merecía conservarlo, idos sus dueños, fue destechado por los vecinos para utilizar las tejas y algunas piezas de madera, y, finalmente, las paredes se desplomaron hasta desaparecer totalmente.

Está enterrado en la iglesia de Clarines. En los archivos de la Parroquia de Clarines se encuentra la partida de defunción de don Juan Manuel Dominguez y allí se citan sus padres, tal como se quedan anotados.

  Fotos & documentos

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 Ver árbol

     
Jose Andres Dominguez   Fernanda Arroyo
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Juan Manuel Dominguez Arroyo 1798-1866



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