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  • Born 7 September 1830 (Tuesday) - Lucca, Toscana, Italia
  • Baptized 9 September 1830 (Thursday) - Capilla de la casa del Noble Señor Sebastiano Andreozzi Motronide, Lucca, Italia
  • Deceased 27 January 1886 (Wednesday) - Madrid, España, aged 55 years old
  • Buried 29 January 1886 (Friday) - Cementerio Sacramental de los Santos Justo y Pastor, Madrid, España
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 Parents

 
  • Secretario de su Majestad Católica. Encargado de Negocios ante la Regia Corte de Lucca y Toscana
  •   Siblings

     Relationships

     Paternal grand-parents, uncles and aunts

     Maternal grand-parents, uncles and aunts

     Notes

    Individual Note

    Biografía obtenida del Diccionario Biográfico electrónico de la Real Academia de la Historia:

    Manuel de Villena, Ernestina. Lucca (Italia), 7.XI.1830 – Madrid, 27.I.1889. Benefactora e introductora en España de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

    Segunda hija de Manuel Manuel de Villena, encargado de Negocios de España en la Toscana, y María Asunción Dreyer, danesa de origen, nacida en Aranjuez, e hija de Cristóforo Guillermo, consejero íntimo del rey de Dinamarca y ministro plenipotenciario suyo en París y antes en Madrid, nació accidentalmente en Italia por el destino diplomático de su padre. Éste era hijo de José Manuel de Villena, III conde de Via-Manuel y señor de Cheles, y de Carmen Álvarez de Feria, dama de alta alcurnia, hija a su vez de José Álvarez de Feria, gentilhombre de Cámara y mariscal de Campo y Grande de España.

    Fernando VII en su regreso a España en 1814 siguió conservando la amistad con esta dama, que, al quedar viuda del mejor amigo de su padre, influyó para que su hijo, padre de Ernestina, hiciera carrera diplomática como agregado de la embajada de España en París primero, luego sucesivamente en Nápoles, Dinamarca, la Santa Sede, y Lucca. Bautizada en la catedral de esta ciudad con el nombre de Ernestina Joaquina Antonia Guillerma (este último nombre será el que elegirá Galdós para su personaje extraído de la vida real), se trasladó a Pau (Francia) con sus progenitores.

    Después de diez años de permanencia en el sur de Francia y muerto su padre a resultas de un ataque apoplejético, la madre regresó a Madrid, donde transcurrió su juventud en el ambiente de la alta sociedad.

    Un viaje a Roma le impactó tanto cultural y espiritualmente que, a su vuelta a la capital de España en 1854, donde brillaba en los salones por su belleza y exquisita educación, comenzó a experimentar el mundo de las injusticias y desigualdades de la época y el proceso de proletarización de la sociedad o “cuarto estado” en términos de Pérez Galdós.

    Después de rechazar varias proposiciones de matrimonio, en contacto con las conferencias de san Vicente de Paúl y el jesuita Félix González Cumplido, alquiló un piso en la calle de la Parada, donde inauguró con ayuda de otras amigas un primer y elemental asilo (1859), que se trasladó luego a la calle del Casino y, en plena revolución, a un local del convento de San Francisco el Grande, cedido por Castelar, que de niño había sido pobre y huérfano; y por último a la calle de Atocha. La joven aristócrata, sin ingresar en institución religiosa alguna ni abandonar sus excelentes relaciones, optó por vestirse de negro y recorrer las calles de Madrid, donde ya era conocida como “la santa”, en busca de recursos para sus niños huérfanos.

    Para que se ocupasen de ellos hizo una solicitud (1866) a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, fundados en Francia por san Juan Bautista de La Salle.

    Tras superar continuas dificultades consiguió que llegasen a España los primeros hermanos (1878) a hacerse cargo de un edificio pequeño y pobre, donde estaba instalado el asilo de Ernestina, que continuó su callejeo incasable para conseguir limosnas destinadas a construir un edificio de nueva planta.

    Todo le servía, desde ladrillos y bisagras a rifas y calendarios para dar comienzo a las obras en el terreno que logró en la calle Claudio Coello, esquina Juan Bravo. Para colocar la primera piedra el 27 de diciembre de 1880 contó con la presencia del rey Alfonso XII y miembros de la Familia Real, algunos de los cuales llegaron a servir comidas en sus comedores gratuitos.

    Con enormes dificultades pecuniarias, que pusieron a prueba su confianza, Ernestina vivió de forma austera en una humilde habitación cedida por la condesa de Carvajal en la calle Barquillo, enteramente dedicada a la caridad y a la práctica de su fe cristiana. De carácter alegre, independiente y emprendedor, se sometió, sin embargo, a sus directores espirituales y consiguió levantar el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón, obra del arquitecto y luego alcalde de Madrid Francisco de Cubas González Montes, marqués de Cubas, e inaugurarlo en 1884, a excepción de la iglesia, que Ernestina no pudo ver rematada en vida. A ello contribuyó la instalación de un famoso cepillo público, llamado “cepillo de la manteca”, ubicado en los terrenos de la calle Juan Bravo. Convencida del auge de las artes gráficas, creó un taller de formación profesional, regentado por los hermanos, y otro de zapatería, además de adquirir el periódico La Ilustración Católica, donde colaboraron, entre otros, Amador de los Ríos, el duque de Almenara, el padre Luis Coloma, Fernández Shaw, Hartzenbusch, Miguel Mir y Pérez Villamil.

    Afectada de una dolencia de pecho y corazón, falleció el 27 de enero de 1886, entre la admiración de todos y con fama de santidad. Una multitud de madrileños acudió a la calle Barquillo a darle su último adiós, y al posterior entierro, precedido por los niños de su asilo, que conmovió a la ciudad. A los tres años de su muerte fueron trasladados sus restos a la capilla de la institución por ella fundada, donde descansaron hasta 1936, fecha en que, ocultos en la sacristía o profanados por los milicianos, según versiones, acabaron en el noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Griñón (Madrid), donde reposan. A su muerte, sus amigos elevaron una súplica al Obispado de Madrid-Alcalá, que elaboró un expediente informativo de sus virtudes, para un proceso de canonización, que no se incoó por falta de recursos hasta 2001 a instancias del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

    Muy conocida en su tiempo, como muestra el retrato que le dedicó el pintor Madrazo, fue sobre todo el gran novelista Benito Pérez Galdós quien, fascinado por su figura, escribió que, en su opinión, era una auténtica santa que “merece a todas luces la canonización”, además del único personaje real de su novela Fortunata y Jacinta. “Lo verdaderamente auténtico y real [del libro] —afirma el autor canario— es la figura de la santa Guillermina Pacheco.

    Tan sólo me he tomado la licencia de cambiar el nombre”.

    Y efectivamente, el retrato que el escritor traza de Guillermina en su inmortal novela coincide casi como un calco con los datos biográficos del personaje real, de quien afirma: “Doña Ernestina es la honra de su tiempo y de su raza”.

    Bibl.: B. Pérez Galdós, Reglamento del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, Madrid, Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón, 1881; F. de Llanos y Torriglia, “Doña Ernestina Manuel de Villena y Dreyer”, en La Ilustración Católica, 4 (5 de febrero de 1886); Expediente sobre información “Ad perpetuam rei memoriam” de las virtudes en grado heroico de D.ª Ernestina Manuel de Villena (ms.), Madrid, Vicaría Eclesiástica de Madrid, 1887; J. de Castro y Serrano, “Una limosna por Dios”, en La Ilustración Española y Americana, XXXVII (1903), págs. 198-199; J. Vales Failde, Ernestina Manuel de Villena, Madrid, Lit. del Asilo de Huérfanos del Corazón de Jesús, 1908; J. Ezquerra del Bayo y L. Pérez Bueno, Retratos de mujeres españolas del siglo XIX, Madrid, Imprenta de Julio Cosano, 1924; B. Pérez Galdós, “Santos modernos”, en Cronicón (1886-1890), obras inéditas ordenadas y prologadas por Alberto Ghirardo, vol. VII, Madrid, Renacimiento, 1923-1933; C. Gabriel (FSC), La obra lasaliana en España (en el 75.º aniversario de su iniciación), Madrid, Bruño, 1954; J. L. Brooks, “The caracter of doña Guillermina Pacheco”, en Bulletin of Hispanic Studies, 38 (1961), págs. 86-94; S. Gallego (FSC), Sembraron con amor, “La Salle”. Centenario en España (1878- 1978), San Sebastián, Conferencia de Visitadores FSC, 1978; E. Urbina, “Mesías y redentores: Constante estructural y motivos temáticos en Fortunata y Jacinta”, en Bulletin Hispanic, 8 (1981), págs. 379-398; B. Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, ed. de F. Caudet, Madrid, Cátedra, 1985, 2 vols.; P. M. Lamet, La santa de Galdós: Ernestina Manuel de Villena (1830-1889). Un personaje histórico de “Fortunata y Jacinta”, Madrid, Trotta, 2000.

    Ernestina Manuel de Villena y Dreyer nació en Lucca (Italia) el día 7 de septiembre de 1830 en el seno de una linajuda y aristocrática familia. Su padre, D. Manuel Manuel de Villena, era entonces encargado de negocios de España ante el Duque de Lucca y Toscana.

    El texto de la partida de bautismo, traducido del original italiano dice así:

    Parroquia de San Martín, Catedral

    A 9 de septiembre de 1830, Ernestina, Joaquina, Antonia, Manuela, Guillermina, María del Carmen y de la Asunción, Dominica, hija del Ilustrísimo Señor don Manuel Manuel de Villena, Caballero de la Real Orden Española de Carlos III, de la Orden de San Fernando de Nápoles, Secretario de Su Majestad Católica y su encargado de Negocios ante la Regia Corte de Lucca y Toscana, hijo del que fue Excelentísimo Señor Don Joaquín Manuel de Villena, Teniente General del Ejército Español, Gran Cruz de la Real Orden de Carlos III, Mayordomo Mayor del difunto Rey Don Carlos IV, Comendador de Santiago, y de su Excelencia la Señora Doña María del Carmen Alvarez de Faria, Dama de Su Majestad la Reina de España, y de la Real Orden de María Luisa; y de la noble señora María Asunción Dreyer, hija de su Excelencia el difunto Señor Cristóbal Guillermo Dreyer, Gran Cruz de la Real Orden Danesa de Dannebrog, Consejero íntimo de Su Majestad el Rey de Dinamarca y, en su tiempo su Ministro Plenipotenciario en París y de su Excelencia la Señora María Angela Mosquera, natural de Madrid. Ambos progenitores naturales de Aranjuez en España; nació el día 7 de septiembre a las diez y media de la noche en Lucca, parroquia de Santa María Forisportam y fue bautizada el dia 9 de dicho mes en la Capilla de la casa del Noble Señor Sebastiano Andreozzi Motroni, previa licencia de Monseñor Paolino Dinelli, Vicario General, por mí Giuliano Ridolfi, canónigo de la Insigne Colegiata de San Miguel y Ecónomo de la Parroquia de San Martín. Fue padrino el Ilustrísimo Señor D. Antonio Delgado de Osuna en España y Secretario de S.A.R. Don Carlos Ludovico de Borbón, Infante de España y Duque de Lucca, y madrina S.E. la Señora Doña María del Carmen Alvarez de Faria y, por poderes la Señora María Domenica Paglieci, viuda de Orsetti, domiciliada en Lucca.

    La abuela paterna, doña María del Carmen Alvarez de Faria, recibiría del Rey de España, dos años después, el título de Marquesa de la Gracia Real, título que al fallecimiento de dicha señora, fue ocupado por el padre de Ernestina y luego por la hermana mayor, Carolina Manuel de Villena.

    Pérez Galdós en su Libro " LA SANTA DE GALDÓS :Ernestina Manuel de Villena (1830-1886). Un personaje histórico de Fortunata y Jacinta, ed. Trotta, Madrid, 2000.

    Ficción y la realidad vienen a darse la mano en la expresión novelística, y de forma muy peculiar en la obra de Benito Pérez Galdós. Tal es el caso de Guillermina Pacheco en Fortunata y Jacinta: "Lo verdaderamente auténtico y real (de la citada novela) escribe el novelista canario es la figura de la santa Guillermina Pacheco. Tan solo me he tomado la licencia de cambiar el nombre. (...) Esta gloriosa personalidad merece a todas luces la canonización".Que un escritor con la acendrada fama de anticlerical de Galdós dedique un artículo a pedir que se eleve a los altares a una contemporánea suya, que al mismo tiempo se convierte en un personaje clave de su novela cumbre, no deja de ser al menos un hecho curioso.

    Pero hasta ahora cierta oscuridad se había cernido sobre Ernestina Manuel de Villena (1830-1886), distinguida dama e hija de diplomático, nacida en Lucca (Italia) y madrileña de adopción, que se entregó en cuerpo y alma al depauperado Madrid del siglo XIX y que sobrenada entre las dos aguas de la historia y la novela. La investigación galdosiana se ha preguntado reiteradas veces quién era en realidad doña Ernestina, qué valor histórico tiene el retrato que traza de ella Galdós y si no se ríe el autor una vez más de un personaje religioso cuyo sobrino en la novela la llama la rata eclesiástica o la considera otro representante de la, en opinión del escritor, irrealizable utopía cristiana.
    Este libro responde en primer lugar a esa pregunta sobre el papel de Ernestina en la obra literaria de Galdós. Y, segundo, ofrece la primera biografía completa de un personaje histórico del siglo XIX, que no solo ilumina sobre el polémico tema de la religiosidad del novelista, sino que constituye en sí mismo un precedente de un voluntariado cristiano solidario que ahora crece espectacularmente en el horizonte del siglo XXI.

    Pedro Miguel Lamet articula el libro en tres círculos. En su primera parte analiza al escritor, como principal testigo de la vida de Ernestina y la famosa polémica sobre su religiosidad y anticlericalismo. El personaje de ficción, Guillemina Pacheco, ocupa la segunda parte de su obra, dentro del análisis de Fortunata y Jacinta. La tercera traza la biografía del personaje histórico, apoyada en numerosos documentos inéditos; y finalmente, sus conclusiones comparan la ficción y la vida, donde Guiilermina/Ernestina, que aparece como un curioso personaje-puente, además de arrojar nueva luz sobre la novela cumbre del autor canario y la dialéctica pueblo/burguesía del relato, contribuye a la comprensión de la auténtica naturaleza de su cosmovisión cristiana.

    Además, la peripecia humana de Ernestina Manuel de Villena vale por sí misma, más allá de toda imbricación en la crítica galdosiana, puesto que su trayectoria revela asombrosos precedentes de un voluntariado laico, comprometido y por libre, cuando la mujer no contaba aún en la sociedad más que como madre, esposa, religiosa, criada u objeto de placer, y apenas bullían en la sombra los primeros brotes socialistas y revolucionarios en nuestro país.

    El diario ABC de 13 de diciembre de 2001, en la separata "Alfa y Omega" publica un extenso artículo en el que se da cuenta de que el pasado día 5 de diciembre de 2001, el Cardenal Arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco Varela, presidió la sesión de clausura del proceso diocesano de canonización de la Sierva de Dios doña Ernestina Manuel de Villena, en el Colegio de La Salle Sagrado Corazón, de Madrid, Colegio fundado por Ernestina.

    Al acto asistieron, entre otras muchas personalidades, los descendientes colaterales de Ernestina, doña Elvira Manuel de Villena Mingorance y su hijo Luis López Manuel de Villena.

    En el artículo se dice, entre otras cosas, que la capacidad de trabajo de doña Ernestina parecía no agotarse, a pesar de una salud delicada, y que en el siglo XIX no había madrileño que no conociera su entrega a los pobres de la ciudad. Tuvo una ambición: construir un moderno edificio que le permitiera instalar todas las comodidades de la época. Su sueño fue hecho realidad, y el arquitecto Marqués de Cubas diseñó un palacio, que consiguió gracias a las donaciones de cuantos la conocían. Estaba situado en la madrileña calle de Claudio Coello, y quedo terminado en 1884.

    La Reina Regente le entregó, a título póstumo, el nombre de Madre de los pobres.

    Murió en enero de 1886, dejando una labor que continúa hoy en los locales que se inauguraron en 1970, situados a las afueras de la ciudad, bajo el auspicio de la fundación Patronato Villena.

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    Biografía de Ernestina Manuel de Villena. Memoria de mujeres en el callejero de Madrid

    Ernestina Manuel de Villena y Dreyer vino al mundo en el seno de una familia aristocrática el 7 de septiembre de 1830 en Lucca (Italia). Su padre, don Manuel Manuel de Villena era encargado de negocios de España ante el duque de Lucca y Toscana.

    No es mucho lo que se conoce acerca de su infancia y adolescencia. Ernestina vivió en varios países, entre ellos Francia e Italia, hasta que, en 1854 y siendo ya huérfana de padre, se trasladó a Madrid con su madre y hermana. Su vida transcurría por entonces siguiendo las costumbres sociales propias de su clase. Sin embargo, tras la muerte en 1859 de su madre. Ernestina decidió abandonar la vida social que había llevado hasta entonces y dedicarse al servicio de los necesitados.

    Muy pronto, reunió a unas ochenta mujeres a su alrederlor, y el 2 de julio de 1859 se inauguraba en la calle de La Parada su primer proyecto de orfanato. Ernestina, preocupada también por el futuro de sus huérfanos, se dedicó a proporcionarles una formación profesional.>br>
    En 1878, los primeros Hermanos de La Salle llegaron al asilo para hacerse cargo de él; entonces estaba ubicado en el Paseo del Obelisco. Desde 1879 hasta 1884 el asilo funcionó en la calle de Atocha. Uno de sus frutos más importantes fue la fundación, en 1884, del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón, establecido en un nuevo edificio, en la calle Claudio Coello. El asilo contaba además con unos talleres de artes gráficas, en los que los huérfanos aprendían el oficio. Ernestina compró la cabecera de un periódico: La Ilustración Católica, que llegó a ocupar un puesto importante entre la prensa madrileña.

    Ernestina Manuel de Villena murió el 27 de enero de 1886, y fue enterrada en el cementerio de San Justo. La Reina Regente le dio, a título póstumo, el nombre de Madre de los pobres. Pero el testimonio que mejor recoge la huella de esta mujer y de su empeño social en el Madrid de su tiempo quizás sea el de un coetáneo suyo, poco proclive además a lo religioso y, por ello, más sincero en su homenaje. Benito Pérez Galdós le dedicó un artículo con el título de Santos Modernos , publicado en el diario La Prensa, de Buenos Aires, pocas semanas después de su muerte. Galdós describió a Ernestina como ½...una persona a quien tengo por santa de veras, y no es broma (...), cuya vida relataré a grandes rasgos, para que se vea que muchos figuran en las páginas del Año Cristiano con menos títulos que ella».

    La santa Guillermina Pacheco, el famoso personaje de la novela de Galdós Fortunata y Jacinta, se correspondía con el perfil humano de Ernestina Manuel de Villena: una dama fundadora que se dedicaba a recaudar cuantiosas limosnas para su asilo, empeñando su vida en la ayuda de los más pobres.

    En 1970, el edificio del asilo que Ernestina dejó, tuvo que ser vendido. Entonces se construyó otro en su lugar, en la calle Cardenal Herrera Oria, con el nombre de Fundación Patronato Villena, en su memoria.

    Ernestina_Manuel_de_Villena._Nave_y_altar_mayor_del_Asilo_de_Huerfanos_del_Sagrado_Corazon_de_Jesus.JPG   Ernestina_Manuel_de_Villena._Monumento.jpg

     Sources

      Photos and archival records

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      Family Tree Preview

    x Joaquín Manuel de Villena y Mendoza, Comendador de la Orden Militar de Santiago 1769-1811   x María del Carmen Alvarez de Faria y Pelliza, Marqués de la Gracia Real ca 1777-1842   x Cristobal Guillermo Dreyer, Gran Cruz de la Real Orden Danesa de Dannebrog   x María Petra Regalado Mosquera
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    x Manuel Joaquín José Manuel de Villena y Alvarez de Faria, Marqués de la Gracia Real 1797-1849   x María Asunción Dreyer Mosquera 1796-1859
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    x Ernestina Manuel de Villena y Dreyer 1830-1886



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