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x Fernando VII rey de España
x Fernando VII rey de España
Rey de España (March 19, 1808 - May 6, 1808), Caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro, Rey de España (December 11, 1813 - September 29, 1833)

  • Born October 14, 1784 (Thursday) - San Lorenzo de El Escorial, Madrid, España
  • Deceased September 29, 1833 (Sunday) - Madrid, España,aged 48 years old
  • Buried - Panteón de Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid, España
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Fernando VII (1784-1833), rey de España (1808-1833), último monarca representante del absolutismo en ese país.

Hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma, nació el 14 de octubre de 1784, en El Escorial (Madrid). En 1806, se casó con María Antonia de Borbón (o de Nápoles), hija del rey de Nápoles Fernando I de Borbón, la cual falleció cuatro años más tarde. Durante el reinado de su padre, dirigió un partido cortesano de oposición al primer ministro Manuel Godoy. Este partido aprovechó el descontento popular provocado por la entrada de las tropas francesas en España, y consiguió desencadenar una revuelta popular conocida como motín de Aranjuez (marzo de 1808), que provocó la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV en beneficio del entonces príncipe de Asturias.

Fernando VII, junto a toda la familia real, fue atraído a Bayona por Napoleón I Bonaparte, quien le forzó a renunciar a la corona española en su favor. Napoleón nombró rey de España a su hermano José, que reinaría hasta 1813 con el nombre de José I.

Durante la guerra de la Independencia, la Junta Central, constituida en septiembre de 1808 para ejercer el gobierno en nombre de Fernando VII y coordinar la lucha contra los invasores franceses, convocó las Cortes que habrían de reunirse en Cádiz a partir de 1810 (cuando aquélla ya había sido sustituida por el Consejo de Regencia), las cuales declararon único y legítimo rey de la nación española a don Fernando VII de Borbón , así como nula y sin efecto la cesión de la corona a favor de Napoleón. Su ausencia de España durante estos años explica su sobrenombre de el Deseado .

En 1814, acabada la guerra, Fernando VII regresó a España. En Valencia, un grupo de diputados, presidido por Bernardo Mozo de Rosales, marqués de Mataflorida, le presentó un documento, el denominado Manifiesto de los Persas, en el que le aconsejaban la restauración del sistema absolutista y la derogación de la Constitución aprobada por las Cortes de Cádiz en 1812.

La primera etapa de su gobierno, de carácter absolutista (1814-1820), estuvo marcada por una depuración de afrancesados y liberales y por los intentos, fracasados la mayoría, de mejorar la situación económica y reformar la Hacienda. Del seno del Ejército partieron pronunciamientos liberales, como el liderado por Rafael del Riego (1820), iniciado en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) por las fuerzas que formaban las tropas preparadas para embarcar rumbo a América con el objetivo de luchar contra los independentistas. Tal pronunciamiento, seguido por otras guarniciones del país, obligó al Rey a jurar la Constitución.

El periodo denominado Trienio Liberal o Constitucional (1820-1823) ocupó la segunda etapa de su reinado. En ella, pese a la poco disimulada oposición del monarca, se continuó la obra reformista iniciada en 1810: abolición de los privilegios de clase y de los mayorazgos, supresión de los señoríos y de la Inquisición, preparación del Código Penal y recuperación de la vigencia de la Constitución de 1812. Desde 1822, toda esta política reformista tuvo su respuesta en la contrarrevolución surgida entre los miembros absolutistas de la propia corte (la denominada Regencia de Urgell), con el apoyo de elementos campesinos, y, en el exterior, en la formación de la Santa Alianza, que desde el corazón de Europa defendía los derechos de los monarcas absolutos. El Congreso de Verona (octubre-noviembre de 1822) decidió reclamar al gobierno de Madrid el restablecimiento de la plena autoridad del Rey. En caso contrario, quedaba abierta la puerta a la intervención militar. El 7 de abril de 1823 entraron en España las tropas francesas mandadas por el general Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema, los Cien Mil Hijos de San Luis, a los que se sumaron tropas realistas españolas. Sin apenas oposición, el absolutismo fue restaurado.

La última etapa del reinado de Fernando VII tuvo de nuevo un signo claramente absolutista. Se suprimió otra vez la Constitución y se restablecieron todas las instituciones existentes en enero de 1820, salvo la Inquisición. Fueron años de represión política. La situación general se veía afectada además por la pérdida de la inmensa mayoría de las colonias americanas, después del proceso conocido como la emancipación latinoamericana.

Los años finales del reinado se centraron en la cuestión sucesoria. Desde 1713 estaba vigente la Ley Sálica, que impedía reinar a las mujeres. En 1789, las Cortes aprobaron una Pragmática Sanción que la derogaba, pero ésta no fue publicada hasta 1830, cuando el Rey (que había estado casado desde 1816, en segundas nupcias, con Isabel de Braganza, que falleció dos años más tarde; y, en terceras, desde 1819, con María Josefa Amalia de Sajonia, la cual murió en 1829), tras su cuarto matrimonio, efectuado un año antes con María Cristina de Borbón, esperaba un sucesor. Poco después, nació la princesa Isabel.

En la corte se formó entonces un grupo de realistas puros , que defendían la candidatura al trono del hermano del rey, Carlos María Isidro de Borbón, y negaban la legalidad de la Pragmática publicada en 1830. En 1832, durante una grave enfermedad del Rey, cortesanos carlistas convencieron al ministro Francisco Tadeo Calomarde, quien logró que Fernando VII firmara un Decreto derogatorio de la Pragmática, que dejaba otra vez en vigor la Ley Sálica (recuperando el Reglamento de 1713). Parece que este grupo estaba respaldado por los embajadores de Austria, Cerdeña y Nápoles. Además, las potencias de la Santa Alianza temían la instauración de una España liberal, justo cuando la Revolución francesa de julio de 1830 había alterado el estatus político europeo.

Con la mejoría de salud del Rey y la destitución de Calomarde, el gobierno dirigido por Francisco Cea Bermúdez puso de nuevo en vigor la Pragmática, con lo que, a la muerte del rey, ocurrida el 29 de septiembre de 1833 en Madrid, quedaba como heredera su primogénita Isabel (la que ya era reina Isabel II), cuyo reinado hubo de comenzar por resolver el conflicto que se transformó en la primera Guerra Carlista.

Artículo de Federico Jiménez Losantos

FERNANDO VII: Tigrekan I

Junto a su lamentable padre y el pendón de su mamá, vendió el país en Bayona. Mató, desterró o enterró a los padres de ½La Pepa». Su existencia es el mejor alegato a favor de la guillotina. Que nadie caiga en el error de arrodillarse ante otro ídolo de esta catadura.

Es Fernando VII, mal que nos pese, uno de los nuestros. Como Franco. Como Negrín. Su historia ha pesado tanto en la nuestra que no podemos negarla. Lo que sí podemos es contarla y alentar a nuestra prole para que no caiga en el error de arrodillarse ante otro ídolo de esta catadura. Tarea imposible. Caerá, con toda probabilidad, porque es propio del humano, y sin duda del humano español, meter la pata. Pero al menos que no se diga que no advertimos del peligro a los incautos.

Lo que delata físicamente a Fernando de Borbón y Borbón, y más Borbón, es ese mentón avieso que, por más que se empeñe, no deja de ser quijada. En el hueso violento, aprontado y esquinado, grueso y débil, grande y flojo, se resume su carácter. En los ojos yace su persona, porque, si alguna vez lo fue, parece o se hace muerta. No mira sino que se mira. No ofrece sino que pide que le ofrezcan; y hay una doblez en esa mendicidad real, tan evidente y tan sorda, que sólo el de Fuendetodos la captó en su integridad. A veces hay que ser sordo para ver.

Pocos de los nuestros han hecho tanto daño a España como el que empezó bautizándose como El Deseado, con mayúscula; siguió como El Rey Felón, y acabó como Tigrekán, fantasía verbal que denunciaba un despotismo asiático en el rabo de Occidente. Quizás hay gobernantes capaces de hacer más daño a España que Fernando VII, pero, hasta ahora, faltos de que Tusell elogie a alguno de los reyes godos, no lo ha logrado nadie.

Tenía el príncipe Fernando su general Armada en el canónigo Escóiquiz, y por él y con él probó varias veces, entre 1806 y 188, a derribar a su padre. Bueno, a su Padre, a su Madre y a Godoy, que era algo así como la madre de los dos. Si en Francia guillotinaban reyes, aquí tejíamos visigóticamente el tapiz del parricidio, lo cual prueba la superioridad de nuestra civilización sobre las vecinas. Conste.

Empezó Fernando por traicionar a su padre, el Rey, y ya no paró . Traicionó a su dinastía, traicionó a sus posibles hijos, traicionó a la historia pasada, traicionó a la futura, traicionó a su país, traicionó a la Corona, traicionó a los que, gritando su nombre, murieron frente a los mamelucos y carniceros de Murat. Puso tan barata la nación española este tipo de belfo lánguido que Murat, el carnicero de Madrid, pensó que podría disputársela al propio hermano del Emperador. Así que extremó su eficiencia en la liquidación de españoles vivos, porque, que se sepa, respetó los cementerios. Todo lo demás, lo fusiló. Mató tanto, mató tan cruelmente y tan sin sentido, si es que el crimen lo tiene, que Goya, un afrancesado que se avergonzó de sí por respeto a los muertos suyos, no tuvo más remedio que mostrárnoslo. Y ahí están: ahorcados, empalados, violados, fusilados todos, en nombre del emperador, un tal Bonaparte.

Tiene España chas páginas negras. Hay entre los nuestros mucho hijo de Satanás. Pero es difícil encontrar en dos mil años una figura tan pérfida y miserable como la de este tío, y lo siento por sus sobrinos. En Bayona, este sujeto, su lamentable padre y el pendón de su mamá abdicaron, entregaron, vendieron a España por no se sabe qué. Carlos abdicó de sus derechos; Fernando entregó sus derechos a su padre, que ya no los tenía; quedó así España sin Rey, porque ni el padre ni el hijo resistieron la superioridad moral, material y militar del Corso. La tragedia de España es que, sin saber la verdad de las traiciones de Bayona, y creyendo que Napoleón le había quitado un Rey, se lo inventó. Ese es el origen de El Deseado y ése es el principio de nuestros males: fiar a otros lo que por nosotros mismos somos capaces de hacer.

Mientras el utrero con toisón sesteaba en Valengay, los españoles corrientes se mataban en su nombre. No por él, sino por ellos, No por la dignidad del Rey, sino por la suya. Miles y miles murieron diciendo ½Viva Fernando!». El, mientras tanto, pensaba cómo podría someter a un pueblo que daba tanta guerra.

Hizo más ese pueblo. Reducido en su condición física a Cádiz, aunque toda España se convirtió en trampa para extranjeros, creó una Constitución, labró su libertad, siguiendo la tradición que, mil años atrás, habían marcado sus ancestros. Y como prueba de su afecto, o del afecto a su patria, los ½españoles de ambos mundos» (porque eran todos entonces españoles, a pesar de los océanos) le ofrecieron una constitución en el día de su santo. Muchos no lo saben y a todos cuesta admitirlo, pero como el Rey Intruso, el hermano del carnicero parisién, había ya entregado su propia Constitución, los gaditanos, que eran enormes, tuvieron la humorada de firmarla el día del cumpleaños del rey, y, encima, llamarla La Pepa, poniendo a San José sobre José. Para que luego digan de la Historia Sagrada.

Nada apreció el detalle esta barbián. En cuanto los españoles, con la pomposa ayuda de Wellington, echaron de España al primer ejército del mundo, que puso más de doscientos mil hombres 8ojo, doscientos mil, y no pudo con aquella España), volvió Fernandito por sus fueros, que eran la negación de los fueros, nombre antiguo para significar derechos y libertades. A los que habían edificado la Constitución, imagen legal de España, los mató, los desterró o los enterró, A los miles de guerrilleros que se habían jugado el pellejo en su nombre, , pero por España, trató de convencerlos de que eran sinónimos. Le fue bien al principio pero, a los pocos años de tiranía, el ejército que debía proteger a las Indias decidió que era más urgente proteger a España, Y Riego lo puso en un trance que para él no era inédito: perjurar. ½Marchemos todos, y Yo el Primero por la senda constitucional», dijo el Rey, Y en cuanto pudo, apenas tres años, con la ayuda de los franceses, los cien mil hijos de San Luis que ni eran tantos ni tan santos, volvió a recrear su bosta, hez que cualquier equino deja tras de sí.

A los tres años de que Riego -noble nombre sobre hidráulico- nos llegó, los llamaron los polanquistas de entonces ½los mal llamados años», como si los años tuvieran enmienda o justificación de depósito. A cambio, sus diez últimos en el trono han quedado bautizados como la Ominosa Década. Y ahí queda. Pero lo malo es malo hasta el final y este Borbón, al que, después de lo de la senda, llamaban los conservadores El rey Felón y los liberales simplemente Tigrekán, consiguió que un país, el nuestro, se lanzase a una guerra civil, en nombre del hermano, don Carlos y de la hijita en ciernes, Isabel. Porque tuvo el arte, este patrón de cabras, de obligar al país que se mató por él a seguir matándose sin él, pero por su culpa. Nación, Libertad, Constitución; todo costó mucho más y vale más después de Fernando VII. Es lo único que tenemos que agradecerle: lo que costó combatirle. Su existencia es el mejor alegato a favor de la guillotina si no existiera ya, incluso en las comedias de Lope, el garrote vil. Fue las dos cosas: Garrote y vil.


Fernando VII de España, apodado "el Deseado" y "el rey Felón", nació en San Lorenzo de El Escorial el 14 de octubre de 1784 y murió en Madrid el 29 de septiembre de 1833. Fue rey de España en 1808 y luego, nuevamente, desde 1813 hasta su muerte en 1833.

Su reinado se vio opacado por la invasión francesa que colocó en el trono de España a José Bonaparte, hermano de Napoleón, entre mayo de 1808 y diciembre de 1813. Durante ese tiempo, la Junta Suprema Central primero y el Consejo de Regencia después gobernaron en su nombre en la zona controlada por los españoles entre 1808 y 1814.

Fernando VIl subió al trono el 19 de marzo de 1808, inmediatamente después de la abdicación de su padre, Carlos IV, tras el Motín de Aranjuez. Sin embargo, dos meses después, presionado por Napoleón, renunció en Bayona a sus derechos a la Corona española, devolviéndola a su padre, y este en favor del emperador francés, quien designó como nuevo rey de España a su hermano José Bonaparte.

El reinado de Fernando VII es el período de la historia contemporánea de España de veinticinco años de duración comprendido entre 1808 y 1833. Durante este tiempo, Fernando VIl fue reconocido como monarca legítimo de España durante la guerra de Independencia por las Juntas de Gobierno, la Regencia y las Cortes españolas y también por las Juntas americanas.

Finalmente, Fernando VII murió el 29 de septiembre de 1833. Su vida y su papel en la historia de España han sido objeto de numerosos estudios y debates entre los historiadores.--------------------------------------------------------------------------------

  Photos and archival records

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x Carlos III rey de España, Rey de España 1716-1788
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x María Amalia de Sajonia, Reina de España 1724-1760
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x Felipe de Borbón I duque de Parma, Infante de España 1720-1765
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x Luisa Isabel de Francia, Duque de Parma 1727-1759
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x Carlos IV rey de España, Rey de España 1748-1819
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x María Luisa de Borbón Parma, Reina de España 1751-1819
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x Fernando VII rey de España, Rey de España 1784-1833